Cuando comenzamos a encontrarnos con un diagnóstico la vida se hace cuesta arriba, aparecen cosas que nos hacen pensar en el pasado, cosas que nos retienen en el presente y cosas que hacen del futuro un lugar incierto...
Los niños que reciben un diagnostico no suelen tener tanto en su pasado, por lo que parte de su presente no se ve afectado, aunque sí su futuro. depende de los padres y de los terapeutas que ese futuro se torne mas agradable, menos ominoso.
En cuanto a los padres de un niño con discapacidad, el pasado suele jugarles una mala pasada, la culpa comienza a acompañarlos y a sugerirles que podrían haber hecho más por ese niño, que podrían haber detectado antes el problema, etc.
En esta instancia aparecen dos posibilidades muy duras para la pareja: la ruptura por no poder aceptar la nueva situación, y la desesperación por que el otro cargue con el mayor peso por este hecho.
La situacion es la misma, estén o no juntos, las culpas no ayudan a nadie a llevar adelante la vida tampoco acompañan en la soledad. Entonces, como adultos que pretendemos ser, seamos capaces de dejar el ego a un lado, acompañemos a nuestros hijos, seamos, en fin, sus padres.