El jueves 16 y 17 de junio COPIDIS organiza el Pirmer encuentro por la Inclusión de las Personas con Discapacidad de la CABA. El 16 (Jueves) de 10 a 17 Hs. y el 17 (Viernes) de 10 a 14 Hs.
El lugar?, el Centro Metropolitano de Diseño ubicado en Algarrobo 1041, Barracas.
La entrada es Libre y Gratuita, cualquier ampliación de esta informacion por mail a la Lic Verónica Capurro de Relaciones Institucionales: capurroveronica@gmail.com
Espacio de intercambio y consulta, de contención y de asesoría para todos aquellos que lo necesiten.
Servicios
* Asesorias para familiares y profesionales que tratan a personas con discapacidad.
* Atencion y ayuda directa en tramites en O.S.
* Asesoramiento y ayuda en el manejo de conductas
* Contencion a familiares.
* Acompañamiento al discapacitado y su familia en servicio personalizado.
* Atencion y ayuda directa en tramites en O.S.
* Asesoramiento y ayuda en el manejo de conductas
* Contencion a familiares.
* Acompañamiento al discapacitado y su familia en servicio personalizado.
miércoles, 15 de junio de 2011
lunes, 13 de junio de 2011
Prepararse
Durante varios años rechazó la idea de convertirse en madre luchando por estar bien situada en el plano laboral antes de dar ese paso.
A medida que progresaba en su trabajo sentía que necesitaba y quería tener un hijo, pero que "no era el momento".
Cuando el momento llegó comenzo una búsqueda en la que, mes a mes, la aparición del periodo menstrual era como un castigo por haber esperado, una presencia ominosa que la llenaba de ansiedad y miedos. Miedo por no poder concebir, ansiedad por saber que era lo que no funcionaba...
Finalmente pasó, ese mes no hubo período, se sintió rara, somnolienta y nauseosa, pero al mismo tiempo feliz porque al fin sería madre!.
Los dos primeros meses de gestacion fueron difícil por la sensacion de asco continuo, los mareos y por sentirse como debía sentirse una persona intoxicada, con la cabeza "confusa", la consulta con el obstetra le despertó nuevos temores. Basándose en su edad, mas de cuarenta, y en el hecho de que era su primer hijo habría que realizar un estudio especial, primero una ecografía con algo que se llamaba "translucencia nucal", para determinar si el feto padecía Síndrome de Down.
Luego una extracción de líquido amniótico para determinar si presentaba alguna patología.
Lo que en un principio la lleno de placer y orgullo ahora la llenaba de preocupación, porque... que pasaría si su hijo tenía Síndrome de Down?, Este era un hijo ansiado por ella y por su pareja, pero si tenía "eso" no sabía si podrían tolerarlo; y si no tenía Síndrome de Down pero tampoco era "sano"?.
Durante la semana previa a la ecografía hablaron durante horas, enfrentando de manera eficiente y desapasionada las posibilidades que existían, apoyando sin estar del todo seguros la opinion del otro, solamente por el hecho de sentir que nada se interponía entre ellos y el milagro de un niño "sano".
Durante la ecografía mientras él miraba el monitor tratando de decodificar las imagenes, ella miraba el rostro del médico, buscando en sus mas mínimos gestos algo que le dijera que su hijo era "normal". No quiso darles mayores detalles, les dijo que en veinte minutos pidieran el resultado en recepción.
Cuando tuvieron los papeles en sus manos se quedaron en silencio, ninguno de los dos quería mirarlos y ser el primero en saber si tenía o no que dar una mala noticia...
La sonrisa del obstetra les dio un respiro, se tomaron de las manos y, sentados muy juntos, escucharon de sus labios que el bebé no tenía Síndrome de Down, se miraron confiados y felices de nuevo. Entonces el obstetra les dijo que pasaban a la segunda etapa, que podían realizar el estudio genético que les indicaría que todo estaba perfecto.
Cuando esperamos un hijo, ponemos en esa espera un montón de ingredientes que fueron insertados en nuestro inconsciente, pensamos en nuestro hijo futuro dándole el sexo que queremos que tenga, incorporándole una entidad física de ensueño (será gordito, rosado, su pelito sera suave), pensamos en como lo tendremos en brazos y en como nos va a mirar, pero todas estas idílicas visiones de felicidad ven su fin cuando el hijo que esperamos presenta una patología.
Todo se vuelve dolor y la felicidad de ser madres y padres se convierte en algo que se espera con angustia. Es lógico que esto pase y hay que respetar el tiempo que cada uno tiene para elaborar el duelo por la pérdida del hijo ideal, pero después de ese duelo hay que comenzar a elaborar un plan B, a imaginar y descubrir y aprender todo aquello que nos va a unir a ese hijo que viene sin culpa.
Separar las cosas es algo que se debe aprender, no hay culpables, no tiene la culpa el bebé, no tiene la culpa la familia en cuyos antecedentes hay un familiar "con problemas", ni el médico, ni la madre por esperar tanto para engendrar. Si hay una responsabilidad que nadie debe dejar de cumplir: prepararse para ser el mejor Papá, la mejor Mamá que se pueda ser para el bebé que, tenga la patología que tenga, no deja de ser el hijo que con el tiempo nos va a llenar de amor...
A medida que progresaba en su trabajo sentía que necesitaba y quería tener un hijo, pero que "no era el momento".
Cuando el momento llegó comenzo una búsqueda en la que, mes a mes, la aparición del periodo menstrual era como un castigo por haber esperado, una presencia ominosa que la llenaba de ansiedad y miedos. Miedo por no poder concebir, ansiedad por saber que era lo que no funcionaba...
Finalmente pasó, ese mes no hubo período, se sintió rara, somnolienta y nauseosa, pero al mismo tiempo feliz porque al fin sería madre!.
Los dos primeros meses de gestacion fueron difícil por la sensacion de asco continuo, los mareos y por sentirse como debía sentirse una persona intoxicada, con la cabeza "confusa", la consulta con el obstetra le despertó nuevos temores. Basándose en su edad, mas de cuarenta, y en el hecho de que era su primer hijo habría que realizar un estudio especial, primero una ecografía con algo que se llamaba "translucencia nucal", para determinar si el feto padecía Síndrome de Down.
Luego una extracción de líquido amniótico para determinar si presentaba alguna patología.
Lo que en un principio la lleno de placer y orgullo ahora la llenaba de preocupación, porque... que pasaría si su hijo tenía Síndrome de Down?, Este era un hijo ansiado por ella y por su pareja, pero si tenía "eso" no sabía si podrían tolerarlo; y si no tenía Síndrome de Down pero tampoco era "sano"?.
Durante la semana previa a la ecografía hablaron durante horas, enfrentando de manera eficiente y desapasionada las posibilidades que existían, apoyando sin estar del todo seguros la opinion del otro, solamente por el hecho de sentir que nada se interponía entre ellos y el milagro de un niño "sano".
Durante la ecografía mientras él miraba el monitor tratando de decodificar las imagenes, ella miraba el rostro del médico, buscando en sus mas mínimos gestos algo que le dijera que su hijo era "normal". No quiso darles mayores detalles, les dijo que en veinte minutos pidieran el resultado en recepción.
Cuando tuvieron los papeles en sus manos se quedaron en silencio, ninguno de los dos quería mirarlos y ser el primero en saber si tenía o no que dar una mala noticia...
La sonrisa del obstetra les dio un respiro, se tomaron de las manos y, sentados muy juntos, escucharon de sus labios que el bebé no tenía Síndrome de Down, se miraron confiados y felices de nuevo. Entonces el obstetra les dijo que pasaban a la segunda etapa, que podían realizar el estudio genético que les indicaría que todo estaba perfecto.
Cuando esperamos un hijo, ponemos en esa espera un montón de ingredientes que fueron insertados en nuestro inconsciente, pensamos en nuestro hijo futuro dándole el sexo que queremos que tenga, incorporándole una entidad física de ensueño (será gordito, rosado, su pelito sera suave), pensamos en como lo tendremos en brazos y en como nos va a mirar, pero todas estas idílicas visiones de felicidad ven su fin cuando el hijo que esperamos presenta una patología.
Todo se vuelve dolor y la felicidad de ser madres y padres se convierte en algo que se espera con angustia. Es lógico que esto pase y hay que respetar el tiempo que cada uno tiene para elaborar el duelo por la pérdida del hijo ideal, pero después de ese duelo hay que comenzar a elaborar un plan B, a imaginar y descubrir y aprender todo aquello que nos va a unir a ese hijo que viene sin culpa.
Separar las cosas es algo que se debe aprender, no hay culpables, no tiene la culpa el bebé, no tiene la culpa la familia en cuyos antecedentes hay un familiar "con problemas", ni el médico, ni la madre por esperar tanto para engendrar. Si hay una responsabilidad que nadie debe dejar de cumplir: prepararse para ser el mejor Papá, la mejor Mamá que se pueda ser para el bebé que, tenga la patología que tenga, no deja de ser el hijo que con el tiempo nos va a llenar de amor...
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