- Conseguir escuela que acepte integrar.
- Conseguir cupo en el aula que le correspondería al niño.
- Conseguir en plazo aceptable maestra integradora.
- Lograr que la O.S. acepte los papeles de la M.I.
- Coordinar las entrevistas con los terapeutas y la escuela.
Conseguir una escuela que acepte integrar a nuestro hijo es una peregrinación por distintas escuelas, un desgaste emocional ante entrevistas que llevamos a cabo con esperanzas que se ven frustradas por falta de cupo, de capacitación, de ideal edilicio, de malas experiencias de parte de las escuelas, de diferencias insalvables en lo que se refiere a la edad de nuestro niño y el grado al que podría integrarse.
Esto representa horas de telefono pegado a la oreja y de explicación de la situación que produce una sensación de agravio, de dolor innecesario, de "esto no debería ocurrir". También nos retrae a las primeras situaciones de rechazo que se hayan sufrido, algunas comprensibles, otras francamente increíbles, a menudo escucho padres que dicen: "me dijeron que si había cupo pero que tenia que hacer una entrevista o evaluación psicopedagógica", para despues decirle a ese padre esperanzado: "no es la escuela para el/ella".
Consultamos listas de escuelas supuestamente integradoras, que no hacen "ese tipo de integración", otras aceptan encantadas, y cuando vamos a la entrevista y preguntamos: cuantos niños integrados hay por aula?, nos enteramos de que hay cinco o más sobre un alumnado de veinte niños. Con una sola Maestra integradora para los cinco.
En las escuelas comunes del estado (que proporcionan maestra integradora ) esta concurre a la escuela dos veces por semana, una o dos horas cada vez, y generalmente "integra" en varias escuelas del distrito.
En aquellas que aceptan la integradora que traemos por la O.S. la situación es mejor, no óptima, ya que en nuestro país el proceso de integración de un niño tiene diferentes matices para padres, docentes, terapeutas y gabinetes escolares. Esta situación dificulta una integración real, ya que al haber una currícula adaptada el alumno podrá incorporarse a un secundario común pero deberá seguir con las necesarias adaptaciones, por lo que el título que obtendrá no le servirá de la misma forma que a un alumno "común" de la escuela común.
Una vez que logramos saltar estos obstaculos básicos e insertado el niño en su nuevo espacio nos encontramos con los atrasos en los pagos de parte de la O.S., cosa que nos produce molestias, enfrentamientos y situaciones de reclamo que nos consumen el tiempo que podríamos dedicar a trabajar, vivir, o juntar energías para seguir con los tratamientos, que muchas veces son invasivos para toda la familia ya que ocupan todo resquicio de tiempo libre.
Lo necesario es tener en claro estas posibilidades, no es simple como debiera ser, el integrar un hijo que padece discapacidad, muchos médicos, familiares e incluso padres de niños integrados en mejor o peor condición juzgan sin evaluar las dificultades por las que pasan las familias cuando buscan integrar, con el concepto de "si yo pude vos también".
Cada familia debe evaluar sus posibilidades, debe tener la oportunidad de ver si esa integración le es útil al niño, si no le produce sufrimiento emocional, si no lo priva de afectos y de niñez compartida con otros niños que no lo veran como raro. Pensar en la escuela especial como un recurso útil y totalmente aceptable debe ser una de las posibilidades reales de las familias de niño que padecen discapacidad, sin que este echo represente un estigma.
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